King James ya tiene su corona.



Por JtvLion



Justamente, hace un año, publiqué un artículo acerca del ultimo partido de baloncesto celebrado entre el Miami Heat y el Dallas Mavericks, donde este ultimo se alzo con la victoria y se coronó campeón de la NBA, tratando de cubrir, en mi muy modestísima opinión, el hecho por el cual los medios de comunicación pretendían martillarle los clavos de la crucifixión a LeBron James. Recuerdo, perfectamente, la ultima sentencia de aquel capitulo: “…hay que seguir intentándolo. En vez de […] condenarlo a morir lapidado, creo que seria mucho mejor y más constructivo, darle el crédito que realmente se merece y confiar en su grandeza, su talento y su innegable capacidad deportiva. Yo estoy plenamente convencido de que va a cumplir lo que prometió. De eso no me cabe la menor duda.” *

                                                                                                                                                     
LeBron James alza el trofeo Larry O'Brien al campeon de la NBA
Cuando miro las estadísticas de LeBron James en estas finales (28,6 puntos; 10,2 rebotes y 7,4 asistencias) dignas de un MVP, nadie pudiera siquiera imaginar el proceso interno que probablemente tuvo que experimentar el delantero del Heat, para alcanzar un sueño que se le había hecho muy esquivo ex profeso y que finalmente se compensa el talento y la capacidad deportiva, pero mas que nada la madurez alcanzada como ser humano y como atleta de un hombre que ha sido victima de sus propios fantasmas, su ego y por qué no, de la ambición innata que, cabe destacar, cualquier individuo tendría de alcanzar la gloria en una carrera que involucra a muchos en la búsqueda de un titulo de campeón de la NBA.  LeBron James esta vez no jugo “con mucho odio” como dijo el mismo que hizo el año pasado, mas bien “jugué con pasión, humildad y pasión por el juego y amor a su equipo.”

Y ahí esta el resultado. Ahí están los números. Se reservó asimismo y ante los ojos de casi 245 millones de espectadores en todo el mundo que contempló uno de los mejores partidos de baloncesto profesional de la última década el único triple-doble (26 PTOS, 11 REB., 13 AST.) de toda la temporada para el partido más importante de su vida. Jugó como todo un consagrado en cada uno de los partidos de postemporada, derrochando coraje, entrega y compañerismo. La mirada leonina que hizo acto de presencia durante el 6to. partido contra los Boston Celtics en la final por el Campeonato del Este de la NBA, fue la señal inequívoca de que había alcanzado un nivel superior como jugador. A partir de ese momento, LeBron comenzó a labrarse el camino que lo catapultaría al pedestal de los consagrados.  Su capacidad de liderazgo, sus jugadas increíblemente talentosas, sus penetraciones de otra galaxia y su dedicación, astucia e inteligencia contagió a su equipo que reaccionó ensamblándose como nunca antes en un todo indivisible, único y arrollador.

Los Tres Grandes del Miami Heat: D-Wade, Lebron James y Chris Bosh

Todos merecieron la victoria y todos están celebrando el triunfo más que merecido. Los Tres Grandes de la visión de Pat Riley, por fin ha rendido sus frutos llenando con creces toda la expectativa que se creo alrededor de ellos y del equipo. Todos están felices. Los aficionados han dado rienda suelta a su entusiasmo reprimido durante un tiempo que se había prolongado mas de lo debido pero que se acentuó con mas intensidad y agonía en el ultimo año y que, finalmente, ha convertido en fiesta todo el largo camino de una temporada que estuvo incluso en la picota a causa del paro laboral. Pero, imagino que con seguridad LeBron James seria el que mas esta disfrutando de todos. Por fin les ha cerrado la boca a todos aquellos detractores que lo quisieron convertir en la clásica leña del árbol caído. Ya no más criticas ni escarnios. Aunque eso ya no es lo más importante. No  lo seria mucho mas que la satisfacción y complacencia de haberse encontrado a si mismo como persona y como deportista. De haber buscado en el fondo de si mismo al chiquillo aquel que amaba el baloncesto más que a su propia vida y de haberlo encontrado. De haber reconocido sus errores pasados y aprender con dolor y resignación la lección de humildad y de aceptarla. De haber comprendido que la prudencia y el buen juicio son mejores armas que el egoísmo y la arrogancia.  De haberse erguido de sus fracasos y resurgir como la estrella que es, más brillante que antes y más dispuesta a cobijar entre el fulgor de su brillo la responsabilidad que implica su presencia y el respeto ante sus compañeros y ante su público. De reconocer la derrota, aprender de ella, y convertirla en una rotunda e indiscutible victoria. Tiende a sentirse el cosquilleo de una ligera sensación de orgullo cuando se sabe que se ha cumplido bien con la obra encomendada. Y lo vale. Yo me alegro por el. Creo que es la hora de la reivindicación. Justo como hacen los reyes. Y el del Miami Heat ya tiene su corona. ¡Felicidades, campeones! ¡Que viva el REY!



* (ver "LeBron James: ¿Jaque al Rey? publicado el 14 de Junio de 2011.  
http://montl-laluzylamiseria.blogspot.com/2011/06/lebron-james-jaque-al-rey_4797.html)

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