Que esperar de la vida


Por Jorge Lion:


Hay momentos en los que toca tomar una decisión que puede cambiar el curso de todo lo que tienes, que puede romper tu vida o que la puede abrir como nunca lo ha hecho nada ni nadie. Quizá la indecisión y el miedo al fracaso, junto con esas manías impulsivas, es lo que hacen crear estas situaciones infinitas que, por lo menos a mí, me quitan el hambre, el sueño y mis ganas de todo y de nada.

Intento con mucho entusiasmo hallarle un sentido a la vida, analizarla, probar entenderla y como es natural en casi la mayoría de los seres humanos observar lo que otros hacen con ella. Quizás algunos no me entiendan, o crean que mi forma de ver las cosas es equivocada, y apuesto a que más de uno estará pensando: -"no analices tanto la vida, simplemente vívela. Disfruta de este regalo y no malgastes el tiempo en tanta pueril banalidad".

Sin embargo, una visión de la vida que pudiera parecer diferente al resto de la gente normal o en el peor de los casos, algo burlesca, no sería una rareza; al contrario, en algunos temas incluso puedo ser bastante infantil, por decirlo de alguna manera, pero estoy seguro que en otros tengo bastante claro lo que quiero o lo que pretendo.

Y precisamente ese "tener claro las cosas" a veces me frustra, me hace sentir de una manera en la que, o le exijo mucho a las circunstancias que me rodean o soy demasiado tolerante con los demás, o no estoy aprovechando al máximo cada día; o me conformo mas de la cuenta en aceptar las cosas como están o como vendrán sin hacer absolutamente nada por cambiarlas. Al menos en lo que a mi me concierne para empezar con buen pie y no pecar de andar inmiscuyéndome en los asuntos de los demás. Es así y no obstante, aun cuando parezca agotador, no sabría como sentirme a gusto conmigo mismo siendo de otra forma.

El caso es que no sé como hoy en día se ha perdido una serie de valores morales que yo considero tanto importantes. Y valores sociales. Y al margen de eso, no sé como hay personas que se toman la vida tan a la ligera, con una envergadura tal que abarca desde la simple perspectiva personal hasta la sociedad misma y aunque no es mi posición criticarlo ya que no soy nadie para juzgar a nadie -lo cual no me convierte de forma automática en alguien a quien nada le importa-, simplemente no logro entenderlo.

Y me refiero sobre todo a aspectos como el amor, la amistad y la familia. 


El amor de pareja, por ejemplo, ha pasado a un segundo plano. Prima el sexo, la superficialidad, el pasarlo bien un par de noches y si te he visto no me acuerdo, o en otras ocasiones se dice un "te quiero" sin realmente sentirlo. Si es que se dice alguna vez. Y cuando finalmente se es capaz de lograr una bonita relación basada en valores habituales de comprensión, respeto y sentido común no se logra permanecer en armonía por mucho tiempo y la relación termina con frecuencia hasta de forma violenta. Pocos son los que se mantienen unidos. Créanlo o no, la verdad, realmente… muy pocos.

La amistad, por su parte, ha pasado a ser más el fruto de la conveniencia que del cariño. Montones de supuestos “amigos” en redes sociales que ni siquiera saben que es lo que te apena o que es lo que te hace feliz. “Amigos”, por el solo hecho de haberte visto una vez en alguna fiesta o en un intercambio de palabras en un supermercado. Pero, esos podrían ser fácilmente exentos de alguna culpa -si es que la tienen- por cuanto, aunque cuentan, no son la parte mas importante -o para decirlo mejor- la menos importante del esquema estructural en que soportamos nuestras amistades. Pero, aquellos que supuestamente si lo son, o al menos lo fueron, o de cierta forma fueron compartidos como tales en algún momento de nuestras vidas, marcándonos de tal manera como para que esa relación amistosa o afectuosa o cordial o de trabajo dejara su huella y pudiera sobrevivir al paso de los años, no solamente no se manifiestan sino que hasta rehúyen el contacto, escudándose tras la cortina de Facebook o Twitter, y haciendo paradójicamente publica las interioridades de sus propias vidas aunque renunciando sutilmente a la convivencia o al menos a la coexistencia común que es la raíz de toda autentica amistad; esos no son merecedores ni tan siquiera de ser considerados. Los amigos son hoy día, nombres en una lista, numerosa o no, pero carente por completo de significado.  Solamente aquellos lazos indiscutibles que forjaron una amistad tradicional es la que aun conserva la unión y avenencia de los verdaderos amigos. Un buen apretón de manos o un abrazo caluroso jamás podrá ser sustituido por un mensaje de texto o un "like" en la mejor de las redes sociales.


Y la familia ha pasado de significarlo todo, a despegarnos completamente de ella. Padres que apenas están en contacto con sus hijos debido a un montón de razones que van desde dedicarle mas del tiempo necesario al trabajo hasta padecer de total indiferencia porque sencillamente no les importa. E hijos que prefieren estar sumergidos hasta el tope del embeleso en el teclado de un iPhone, o en los mandos de un video-juego y considerar que su mundo es completamente ajeno al círculo familiar del cual debieran ser parte integral y no virtual.

Pues bien, quizás lo estoy exagerando, pero no me digan que lo que comento no es cierto. Y repito: es posible, de hecho los hay quienes son felices viviendo de ese modo. Yo no puedo.

Ser una pareja es algo más que estar juntos. Es estar pendiente uno del otro, saber que con un gesto o una mirada o la simple mención de una sola frase se logre que dos seres coincidan en uno solo. Es cuidar al otro, apoyarlo, comprenderlo, sentir su dolor o su dicha, pero sentirlo como de uno mismo. Es la certeza de que ambos están ahí necesitándose mutuamente con la seguridad de que en el desastre o en la ventura ambos estarán incondicionalmente unidos. Tal vez, es mucho pedir. Probablemente lo sea. Pero es la esencia del ser humano como tal quien puede lograrlo y no los tiempos que corren o la situación económica del mundo.

Por otro lado, creo que es necesario saber que se puede contar con una persona hasta el final, no importa cuan difícil sea el momento o la situación que se este manejando; contar con un amigo de verdad, no aquel que ni siquiera actúa como tal aun cuando forma parte de una lista inservible de caducos y supuestos “amigos” o “contactos" que te buscan cuando te necesitan, pero te ignoran -como si de verdad no existieras- cuando les va bien. Ese es el momento de saber lo que vale en verdad la tenencia de una amistad sincera, espontánea, familiar, sin ninguna otra conveniencia que la de disfrutar de la buena compañía o de simplemente estar ahí para apoyar física o espiritualmente, y ser de un valor inestimable cuando es realmente necesario la presencia de un amigo verdadero.

Y sobre todo estar con la familia, saber que al final siempre estará ahí para todos los que la necesitan. Hallar el refugio inevitable en las raíces que la forjaron. En el amor intrínseco que la envuelve. En los valores tradicionales que la fraguaron. Coincidir en que la familia es la esencia principal de la sociedad y atributo irreemplazable de la continuación de nuestra especie.

A veces no sé que esperar de la vida, y me duele mucho si soy incomprendido. No obstante, muchas personas no son capaces de entenderlo y hasta ironizan esta forma de ver las cosas. En realidad, no me importa si la critican o es objeto de la burla y la incomprensión, o que no estén de acuerdo, que piensen que soy muy aburrido, o extremadamente preocupado por las cosas que simplemente, no podría cambiar.  Pero es bueno que se entienda que hay otras formas diferentes de pensar, formas diversas de considerar el mundo en el que nos movemos; que lo que hace feliz a una persona puede que haga infeliz a otra o viceversa. Que lo que es bueno para unos podría no serlo para otros.

Que piense de esa manera podría describirme como alguien bastante raro. Tampoco creo que esté loco. La locura es en gran parte la incapacidad de poder comunicarse. Pero entre la locura y la normalidad podría haber ese estado intermedio que nos hace un tanto diferentes. 

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