Respeto a la vida


  
 “…Porque se levantara nación contra nación y reino contra reino […] y se traicionaran unos a otros y se odiaran y por el aumento del desafuero se enfriara el amor de la mayor parte…”
                                                                           
                                                                                   Mateo 24:7-12


Por JtvLion:


Cuando hablamos de violencia, inmediatamente la identificamos con agresión, desorden y descontrol y cuando asociamos simplificadamente los jóvenes con la violencia, vemos a estos como futuros adultos delincuentes. Lo cual podría ser así, si tuvieron padres que los descuidaron, o que son violentos, lo cual trae como consecuencia el adagio de que "la violencia engendra violencia". Todo en nuestro alrededor se nos presenta como algo particular, individual y además lejano, sin sentirnos protagonistas responsables y capaces. Este ha sido el mayor triunfo de este modelo perverso: la fragmentación social y cultural que nos impide ver la totalidad en la particularidad. Tenemos que hacer un esfuerzo para superar lo aparente y hacer un análisis que vaya un poco más allá de lo que vemos; darnos cuenta de que la violencia es social y que la misma encierra mucho más que la sumatoria de todos los hechos violentos, y por ende de las causas estructurales mucho más profundas.

Es importante reflexionar acerca de que, la opción delictiva no aparece de golpe en la vida de un adolescente ni se transmite en los genes. Las estadísticas demuestran que antes hubo, casi sin excepción, una vida tan corta como plagada de abandonos, maltratos y carencias. Hubo también, en general, una familia marcada por la pobreza, la violencia, y la marginalidad. Se produjo un contacto temprano con el mundo de la calle y una falta absoluta de espacios sociales de inclusión, llámese barrio, escuela, club o parroquia; no hubo instituciones que pudieran contenerlo.

Si la violencia se nos torna cotidiana, y convivimos con ella es indefectible que la misma se impregne en lo profundo de nuestro ser y de nuestra actitud frente al otro y ante la vida, produciendo muchas veces que la relación con nuestros semejantes sea a través de la violencia.

Actualmente, se ha visto un aumento considerable de las muertes por cualquier causa, a veces sin motivo aparente, a veces con un motivo insignificante (nada es más importante que la vida) Ya sea por celos, egoísmo, orgullo, competencia, droga, accidentes, lo que sea, nada justifica el quitar la vida a otra persona. Y una falta de respeto total hacia la propiedad mas preciada del ser humano que es la vida misma. En cuestión de fracciones de segundos, se podría estar pendiendo de ese hilo fino que separa la vida de la muerte a causa de una decisión errónea e intrascendente. A esto, añádesele, un bombardeo constante y diario de filmes cuajados de violencia, noticias colmadas de violencia infantil, domestica; informes habituales de violencia producto del narcotráfico; video-juegos atiborrados de violencia. Violencia en las escuelas, en las calles, en los centros nocturnos, en los eventos deportivos, en los estadios. Violencia incondicionalmente originada de un accidente automovilístico.  Violencia ocasionada por la guerra y el terrorismo, son solo formas de influencia cada vez mas renovada que van modificando el comportamiento del ser humano y predisponiéndolo inconscientemente hacia una antipatía cada vez mas familiar hacia la perdida de la consideración y el respeto que merece la vida. Nunca antes en la historia ha habido tantas noticias informativas sobre violencia. Hubo un tiempo en que los ladrones solo se llevaban objetos de valor. Ahora quitan la vida a cualquier persona también. Y los medios de comunicación como la TV, la radio y los periódicos parecen estar más preocupados con las malas noticias. Cada persona todos los días consigue que su mente sea inundada con una dosis concentrada de las últimas miserias y los males en diferentes partes del mundo.

El respeto por la vida.


El respeto por la vida se encuentra relacionado con vivir en armonía con las demás formas de vida, con el respeto al derecho ajeno, a la democracia, a la construcción de una sociedad más humanizada, a la defensa del medio ambiente, a la preservación de los recursos naturales, a la gratuidad de la educación, a la mejora en la prestación de los servicios de salud, a la erradicación de la violencia, a el aprecio por sí mismo, a el apoyo a la familia, a la defensa del matrimonio, a la práctica de una sexualidad responsable, a la trascendencia de las propias necesidades e intereses y a la defensa de los valores humanos.



No constituye respeto a la vida ni el secuestro, ni las minas antipersonales, ni el aborto o el homicidio o la eugenesia; ni el suicidio, la corrupción y la injusticia o la impunidad, el tráfico de órganos, el consumo de estupefacientes y la trata de personas. La explotación laboral infantil, la negligencia paterna, la falta de modales, y el irrespeto a las personas mayores, así como las ofensas, las burlas y la violencia intrafamiliar constituyen también formas diferentes de falta de respeto a la vida.



El respeto a la vida es posible si se inculca y se actúa en los diferentes ámbitos de la vida, bajo el respeto, la tolerancia, cooperación, responsabilidad y unidad. Si la comunidad educativa se esfuerza en promover una sana convivencia, si se transmite la enseñanza de actitudes que permitan enfrentar situaciones en las cuales se ponga en funcionamiento la escala de valores humanos y donde la educación constituya la mejor estrategia de superación personal.



El respeto a la vida también compromete a los padres de familia, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos mayores, dirigentes políticos, líderes religiosos y comunitarios. Se evidencia en la cultura de la autoprotección, la correcta utilización de las vías, el respeto a las normas a las leyes y el ejercicio permanente de la honestidad. En las instituciones del estado recae mucha responsabilidad frente a este logro.



El respeto a la vida no debe ser visto como un concepto romántico, idealista o difícil de alcanzar, tampoco como una responsabilidad absoluta de las autoridades o el gobierno nacional. Requiere el permanente acompañamiento de los padres de familia, docentes y personas comprometidas con la educación, con el sano aprovechamiento del tiempo libre, la optimización de los recursos humanos, el respeto a los padres de familia y las necesidades de los hijos. El respeto a la vida es un concepto que es posible, sólo si cada uno se compromete a hacerlo posible, sin señalar, juzgar o esperar que los demás lo demuestren.

El respeto a la vida es el mayor de los respetos. Para ello es necesario contar con un concepto amplio del término VIDA como lo más valioso para cualquier ser humano. Algo sobre lo que nadie tiene derecho alguno a arrebatar, incluso si es la suya propia.


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