Los 13 dias que aterrorizaron al mundo


Por JtvLion:

John F. Kennedy, Fidel Castro y Nikita Kruschev, protagonistas
de la Crisis de los misiles, en octubre de 1962

Como respuesta al fracaso de la administración Kennedy en su intento de invadir Cuba mediante un desembarco de disidentes entrenados por la CIA por Bahía de Cochinos, Estados Unidos puso en marcha la Operación Mangosta, que se componía, entre otras cosas, de un plan secreto de invasión militar a la isla, pero ahora de manera directa utilizando el ejército estadounidense.

Los servicios de Inteligencia de la Unión Soviética detectan el plan de invasión militar inminente y notifican a Castro.

La coyuntura le viene como anillo al dedo a Nikita Kruschev, el líder soviético que aprovecha la situación para proponerle a La Habana, la instalación en Cuba de cohetes de alcance medio como medida persuasiva contra los planes de EEUU e insiste en que la instalación de los misiles no solo serviría para proteger a la isla, sino también para aumentar la capacidad defensiva de todo el bloque socialista.

Por su cercanía a las costas norteamericanas, una base de misiles de este tipo potencialmente aumentaria la vulnerabilidad de Estados Unidos y de paso, compensaría la escasa provisión soviética de misiles de alcance intercontinental, igualando así la amenaza que significaba para el pueblo soviético los misiles estadounidenses emplazados en Turquía, y en la República Federal Alemana. De manera que Kruschev y el gobierno de los soviets decidieron asegurar en Cuba la instalación de bases de misiles, preparados para alcanzar los EE UU y con capacidad de llevar cabezas nucleares.

 Pero, los soviéticos habían subestimado la capacidad de los servicios de Inteligencia de los Estados Unidos.

Un avion espia U-2 de la Fuerza Aerea
de los Estados Unidos.
El 14 de octubre de 1962, aviones espías U-2 de la Fuerzas Aérea de los Estados Unidos no tardaron en detectar, mediante violaciones del espacio aéreo cubano, las operaciones de instalación de las bases de los silos en territorio cubano. Las fotografías tomadas fueron presentadas al presidente John F. Kennedy, por analistas de la CIA que confirmaron que las estructuras fotografiadas en Cuba parecían corresponder a instalaciones de bases de misiles soviéticos que, aunque no eras todavia operativas, lo estarían en poco tiempo. Estados Unidos se encontró ante una inminente amenaza nuclear.

Los jefes militares y miembros del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (EXCOMM) presionaron a Kennedy para que aprobara un ataque aéreo contra los emplazamientos cubanos de los misiles, pero el Presidente ordenó una cuarentena naval en la que la Armada estadounidense inspeccionaría a todos los barcos, soviéticos o no, que llegaran a Cuba. Inició conversaciones con los soviéticos para que retiraran todo el material de "defensa" que estaba instalando en Cuba; si no lo hacían, la cuarentena ordenada por Kennedy duraría indefinidamente.

A medida que la crisis se desarrollaba, las tensiones eran muy altas tanto en los Estados Unidos como en la Unión Soviética. Una semana después, el 27 de octubre, la defensa antiaérea soviética, logró detectar e interceptar un avión espía U-2, que fue derribado por un misil tierra-aire cuando espiaba el oriente de la isla de Cuba, aumentando aún más la tensión. Ese mismo día, Kruschev propuso a Kennedy el desmantelamiento de las bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, a cambio de la garantía de que Estados Unidos no realizaría ni apoyaría una invasión a la isla caribeña. Como consecuencia, el gobierno de los Estados Unidos también debería realizar el desmantelamiento de las bases de misiles nucleares estadounidenses en Turquía. Después de continuas negociaciones secretas entre la Casa Blanca y el Kremlin, de las que estuvo excluido Castro, Kennedy y  Kruschev llegaron a un acuerdo que se hizo público más tarde, por cuanto el presidente estadounidense lo aceptó con la condición de no invadir Cuba ni apoyar a nadie con esa intención. El posterior desmantelamiento de los misiles de Turquía no fue público hasta que se llevó a cabo seis meses después.

El mundo respiró aliviado cuando el presidente soviético acordó retirar sus 42 misiles nucleares de sus bases en Cuba. A cambio, su par estadounidense prometió no invadir la isla.

Pero, las cosas no terminarian ahi.


Un misil nuclear sovietico de mediano alcance
en una base cubana 
Fidel Castro -excluido de plano de las negociaciones entre las dos superpotencias- comenzó a dejar de cooperar con Moscú. Según ha dicho Svetlana Savranskaya, directora de operaciones rusas del National Security Archive, una institución no gubernamental de Estados Unidos, en una entrevista concedida a la BBC: “Castro estaba muy molesto con la traición soviética y que los cubanos se sentían traicionados, ya que para ellos el gobierno soviético hacía una concesión tras otra a los estadounidenses, sin consultar a su aliado cubano, un sentimiento compartido por los militares soviéticos en la isla". El presidente estadounidense y el líder soviético llegaron a la conclusión de que el problema tras la crisis ya no era entre ellos, sino con Fidel Castro.

Kruschev, temeroso de perder el control y de que su aliado, cada  vez menos confiable, pudiera obstaculizar el acuerdo, inmediatamente envió a La Habana a su hombre de más confianza, su viceprimer ministro Anastas Mikoyan. Castro, que todavía estaba furioso y había rechazado recibir al enviado, finalmente, accedió a recibirlo. El enviado encontró a Castro nervioso y conspirativo, convencido de que Moscú había perdido interés en defender la isla. Sin embargo, bajo claras instrucciones de Kruschev, Mikoyan le hizo su oferta: podía quedarse con las armas nucleares tácticas, con la condición de que no se lo dijeran a los estadounidenses.

Anastas Mikoyan
Mikoyan tenía dudas sobre dejarle las armas nucleares a Castro. Pensaba que con el orgullo cubano y frente al hecho de que los cubanos consideraban la posibilidad de una guerra nuclear de una manera muy diferente a los soviéticos, sería muy peligroso e incluso irresponsable dejar las armas en manos cubanas. Pero, ese fue el acuerdo.

“Aislado en La Habana, Mikoyan se enfrentaba a una decisión que podría tener consecuencias incalculables para el mundo. Y se dio cuenta que, una vez más, el tiempo se estaba agotando”, sigue relatando Savranskaya.

Luego de que Castro ordenara disparar contra una de las aeronaves estadounidenses, Mikoyan tomó una decisión sin consultar al gobierno central soviético: las armas nucleares tácticas iban a tener que ser removidas.

Pero, Castro estaba dispuesto a decirle al mundo sobre las armas secretas en la sede de las Naciones Unidas y con tal fin le dio instrucciones a su representante ante la ONU, para revelar el secreto. Mikoyan estaba cansado de esperar por instrucciones del Kremlin que nunca llegaron, por lo que en una reunión con Castro en la noche del 22 de Noviembre de 1962, tomo la decisión -sin consultar a su gobierno- de que las armas debían salir de Cuba cuanto antes, a pesar de la impertinencia del líder cubano de quedárselas como único medio de defensa en contra del Imperio. Así, dictada la sentencia, las armas nucleares fueron retiradas de Cuba y cargadas en buques soviéticos en diciembre de 1962, dándole punto final a una crisis en la que tanto Kruschev como Kennedy comprendieron lo cerca que estuvo el mundo de una catástrofe mundial y lo cerca que estuvo Castro de convertir la crisis en algo mucho, pero mucho peor.

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