Obamafobia



Por JtvLion:

El fanatismo tiende a reflejar una apasionada e incondicional adhesión a una causa cuyo lado más visible se manifiesta a través de un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado e intolerante, algunas veces indiscriminado y otras veces, violento.

El fanatismo puede referirse a cualquier creencia, ideología o religión afín a una persona o grupo. En casos extremos en los cuales el fanatismo supera la racionalidad, puede llegar a alcanzar connotaciones peligrosas y resultar efectivamente dañino, ya que puede incluir como síntoma el deseo incondicional de imponer a toda costa dicha causa o creencia considerada buena para el fanático o para un grupo de los mismos.

A lo que quiero referirme particularmente es a la obsesión excesiva de algunos “periodistas” que conducen o participan en determinados programas matutinos de la radio en español, específicamente en Radio Mambi, que se trasmite por la WAQI, 7.10 AM en Miami, cuyo trabajo mas allá consistir en descubrir e investigar temas de interés público y diversa índole, contrastarlos, sintetizarlos, jerarquizarlos y publicarlos, recurriendo igualmente a fuentes periodísticas fiables y verificables para elaborar sus artículos o comentarios, ha estado enfocado  reciente y fehacientemente en recabar y menospreciar la labor de la actual administración del presidente Barack Obama utilizando artilugios y elementos esporádicos intrascendentes para inflar la catástrofe, que según ellos, hundiría al país en el caso de un hipotético segundo mandato presidencial.

Están aquellos que lo tildan de “comunista”, o “marxista”, sin que sus afirmaciones estén argumentadas por hechos que verdaderamente demuestren que esto es correcto o que las consecuencias de las acciones llevadas a cabo por el presidente de EEUU sean una muestra de que esta llevando la riendas del país por un camino “de extrema izquierda”,  hasta los otros que se expresan mas conservadoramente, queriendo nadar en dos aguas y sin exponerse demasiado, pero inyectando igualmente el virus de la intolerancia en la conciencia de sus habituales oyentes, con interrogantes como: “¿estamos mejor hoy que hace 4 años?”, la cual no lleva consigo una investigación profunda de los sucedido en ese periodo, pero si trata de enquistar con una ligera y muy sutil sospecha de villanía la gestión de la actual administración. Como es de esperar, -y esto es lo mas lamentable- están también los fieles y fervientes seguidores incondicionales que no tienen otra cosa que hacer que estar todo el día escuchando la radio y haciendo llamadas telefónicas a la emisora para hacerse escuchar y emitir sus opiniones que, ya sin argumentos y con un carácter tan repetitivo que da nauseas, se proveen de cuanto epíteto y calificativo inadecuado puedan esgrimir con tal de seguirles la corriente, confirmando aquel adagio que sentencia que “no hay peor ciego que el que no quiere ver.”

A todas luces, es evidente que los monótonos latosos de siempre no quieren discrepar de una información o bien, que no se les ha suministrado correctamente o que, simplemente, no desean que esa información tenga el peso necesario como para contradecir la defensa de sus propios criterios. Y es ahí donde entra a jugar su papel el verdadero periodista que basado en un conocimiento fidedigno de la información proporciona el debate y la discrepancia, practicando el ejercicio de la tolerancia, sin censura y democráticamente y conduciendo profesionalmente el manejo de dicha información, no como hacen muchos que la manipulan para ganar adeptos y seguidores en beneficio de sus creencias e ideologías, ya sean equivocadas o no, no importa, o lo que es peor, en busca de “ratings” que les aumente la audiencia.

Pero, lo que da a traste con la información concerniente a la labor de la actual administración norteamericana, es muy diferente o como lo quieren dibujar estos personajes que, más que nada, lo que intentan es de imponer su modo monocromático de ver las cosas, bajo la premisa obligada –dicen- de contribuir al beneficio de la nación. Me pregunto cuan exitosos podrían ser en difundir la veracidad de sus opiniones personales en beneficio de la nación, cuando su verdadero país de origen sufre la dictadura de 53 años de oprobio e ignominia impuesto por un régimen tiránico contra el que nada han podido hacer con sus ideas obsoletas y una ideología pasada de moda con las cuales han estado permaneciendo, eternizados por tiempo indefinido a pesar de que sus arengas y peroratas parecen hace ya tiempo el clásico disco rayado.

Que Barack Obama, no haya cumplido en su totalidad todas y cada una de sus promesas de campaña es cierto. Como también es cierto que ha logrado, entre otras cosas, el rescate de las instituciones financieras, la aprobación por parte del Congreso del programa del cuidado de la salud, mas conocido como “Obamacare”, que muchos consideran como una propuesta de corte “socialista”, pero la dura realidad es que 47 millones de estadounidenses no tiene en la actualidad seguro medico en el país mas rico de la tierra; el rechazo contundente a la quiebra de la industria automotriz americana y su posterior recuperación o la aprobación del “Dream Act”, un proyecto que beneficiaria eventualmente y a mediano plazo a decenas de miles de estudiantes indocumentados que estaban siendo deportados de los EEUU.  Si a esto le sumamos la oposición casi viral a que ha tenido que enfrentarse constantemente por parte de los republicanos –y demócratas, valga decir- y a la división que ha provocado esto entre las filas de ambos partidos, cuando en realidad deberían estar trabajando para unir las fuerzas políticas de la nación y convertirla en una ola bipartidista autentica en busca de soluciones reales y viables, tendríamos como resultado que la culpa no solo la ha tenido el presidente. Unos en su afán de desacreditarlo; otros con la pretensión de encumbrarlo; y los demás que por lo uno o por lo otro se han mantenido al margen de las decisiones importantes en un país tan poderoso, lo que mejor han hecho es dañar, o dicho de otra manera, impedir el repunte del liderazgo de los EEUU, como potencia económica, militar y política en un orden mundial cada vez mas globalizado que, al final, de eso se trata.

La “Obamafobia” rampante y reinante actualmente en los medios de habla hispana del sur de la Florida, principalmente en la radio ha estado alcanzando connotaciones extremadamente febriles como para darnos el lujo de ignorarlas. Esto es obra de una parte de otra “dinastía” que, a mi modo de ver, languidece estéril sin resultados realmente notables. Hay, no obstante, una parte de la audiencia y otra de periodistas, invitados y otros profesionales que, en honor a la verdad y abastecidos de información autentica y fidedigna promueven el debate y alientan el verdadero ejercicio de la democracia y la imparcialidad e izan la bandera de la verdad. Lamentablemente estos que, con sus opiniones y comentarios intentan, al menos, establecer el equilibrio que definitivamente existe entre lo positivo y lo negativo de la actual administración del presidente Obama y de la nueva propuesta encabezada por el candidato republicano Mitt Romney en esta desenfrenada carrera electoral rumbo a la Casablanca, paradójicamente, son el objeto diario de la censura y de la reprimenda que resume la estrategia consistente en indisponernos a los unos contra los otros. Y, consiguientemente, logran su objetivo enfrentando a distintos colectivos, o echando a la sociedad en general encima de algún grupo en particular. Sobran ejemplos de ello y su número aumenta a medida que se acerca cualquier tipo de convocatoria electoral en la que se jueguen el puesto. En esta campaña se calienta la lucha de clases, la discriminación de cualquier tipo, la maniobra ofensiva y la calumnia y el engaño contra resto de la sociedad y que acabará en el “todos contra todos” si no le ponemos remedio. Como la frase atribuida al dictador y emperador romano Julio César. ¡Divide et impera! (Divide y vencerás) la maniobra puede calificarse con distintos adjetivos excepto inocente, fortuita o casual; dicho de un modo diferente: con toda la intencionalidad preconcebida. De eso, no cabe la menor duda.

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