Cuba, el embargo y la diáspora inamovible.


“El patriotismo es la virtud de los desalmados…”    Oscar Wilde


Por JtvLion:




Hasta que fui un adolescente, viví en Cuba como cualquier otro cubano de mi edad, pensando que aquello era el mejor país del mundo -con sus limitaciones, claro esta- sin temor a caminar por las calles, o con el derecho a recibir educación gratuita, o con la idea que se me inculcó desde que tengo uso de razón de que Cuba era una potencia medica con limitados recursos, pero donde la salud era una cuestión prioritaria –y además, gratis- o que los que gobernaban el país prometían luchar a brazo partido por darle a sus conciudadanos un desarrollo tanto económico como social acariciado por muchos años y que paso a paso llegaríamos a alcanzar, o donde se nos arengaba casi a diario con consignas e ideologías que creíamos que perseguían la mejor de las intenciones. Mi infancia en la isla trascurrió entre las doctrinas que nos inculcaban en las escuelas, o que veíamos en cuanta pared o letrero se asomaba y la contradicción proveniente del desacuerdo de mis padres o aquellas personas de mas edad que yo, que habían vivido el capitalismo antes de 1959 y que estaban completamente convencidos de que aquel régimen acabaría definitivamente con los recursos del país, con la economía y con la conciencia social de los cubanos, y... con Cuba misma.


Para nosotros, el villano siempre fue el imperio, o los EE UU, que nos habían impuesto un embargo económico que ahogaba la capacidad del sistema de adquirir bienes y consumos, a mejores precios, del mismo modo que impedía la posibilidad de comerciar con el país mas poderoso del mundo, obligando al gobierno a establecer lazos comerciales con otros países al otro lado del atlántico, lo cual se traducía en un mayor esfuerzo, sacrificio y costo monetario que justificaba en cierta medida las carencias y necesidades que, a causa de esto, padecía el pueblo de Cuba. A todo esto, si le sumamos la imposición de una doctrina consistente en un falso patriotismo que dilapidó importantes recursos financieros para fortalecer la defensa del país, a cualquier costo, como forma de prevenir una supuesta invasión o ataque del “imperialismo” que, vale añadir, nunca se produjo, podríamos afirmar sin lugar a dudas, de que el enemigo era real y que nuestro destino no podía ser otro que soportar estoicamente la presencia del imperialismo yanqui a solo 90 millas de nuestras costas.


Mientras fui creciendo y ganando en madurez y conocimiento, comencé a percatarme de que el enemigo real y verdadero no estaba más allá de nuestras costas, sino que lo teníamos en nuestra propia casa. Si, es cierto. Aunque pesar de todo en Cuba no éramos ricos, de cierta manera había algo que comer, algo que vestir, algo que ver, una escuela a la que asistir y algo con que contar si necesitabas un medico. Pero… no éramos libres. Cuba era una prisión enorme, rodeada de  mar por todas partes y sin fronteras, de la que no podías escapar salvo que decidieras arriesgarte en una aventura a cruzar el estrecho de la Florida en una embarcación o en una balsa –como muchos ya habían hecho y muchos de los cuales ya habían muerto en el intento- intentando escapar de aquel infierno. Así que la primera pregunta que me hice fue: ¿Si aquí es tan bueno y maravilloso como lo pintan, como es que la gente, no solo se va, sino que no le importa poner su vida y la de su familia en peligro con tal de salirse de Cuba?


Con el tiempo aprendí que la falta de libertad, casi siempre viene acompañada de una falta casi total de información o de conocimiento acerca de lo que sucede a tu alrededor. Marti escribió en una ocasión: “Ser cultos es la única forma de ser libres”. De manera que, mientras más sumergido en la ignorancia y las tinieblas se tenga a todo un pueblo, mas esclavo y sumiso será este, de aquel que le niega la luz del conocimiento. Cuando fui capaz de percibir esa certeza, comprendí –como otros muchos lo habían hecho antes que yo- que era la hora de escapar.


Y llegue a Estados Unidos. Y me encontré con una irracional política que, una vez que logras acertarla, te das cuenta de que no se diferencia mucho de la que durante muchos años, intentó el régimen comunista de inculcarme. Por lo menos, en lo que concierne al sur de la Florida, donde una parte del exilio cubano – el más intransigente- se ufana prepotente e intolerante, es muy evidente el contraste que existe entre los que quieren la libertad de nuestra patria y los que prefieren que esta siga hundida en la miseria. Desde ese puñado de incapaces políticos cubanoamericanos que a lo largo de 53 años lo único que han mostrado es su ineptitud para derrocar la tiranía en Cuba, apoyando y patrocinando una política fracasada que no ha funcionado en mas de medio siglo y a la que aun se aferran sin importarles que el único que ha sufrido las consecuencias es el pueblo de Cuba, hasta aquel otro manojo de repentistas radiales lacónicos que lo único que han hecho es estar repitiendo su retórica aburrida, en un discurso infectado de censura y obstinación, de promesas incumplidas y de falsas expectativas que he estado escuchando desde hace muchos años por los mismos de siempre, sin que haya movimiento o vestigios de que las cosas cambiaran, lo que realmente se ve es que cada uno de ellos continuara conservando sus puestos desde donde ¡también! arengan al pueblo cubano, ya sea exiliado o no, a una lucha imaginaria que no ha llevado a ninguna parte y a un conformismo interminable por causa de su estrategia pretérita y obsoleta que lo único que ha traído es mas pobreza, mas miseria, mas desgracias y, lo que es peor mas muerte y mas desesperanza, entre los que confiaron que harían algo por debilitar al menos el régimen totalitario y abusivo de los Castro. A decir verdad resulta nauseabunda la manera en que han estado cabildeando a favor de una política inútil que no ha funcionado y que no va a funcionar. Han pretendido hacerle creer a todos que ahogarían las fuentes de abastecimiento y recursos del gobierno despótico de Cuba que, contrariamente, ha encontrado en otras fuentes la manera de perpetuarse en el poder, cuando lo que verdaderamente han hecho es asfixiar cada vez más, con sus leyes y contravenciones la capacidad de los cubanos de subsistir. Se jactan de un patriotismo muy conveniente desde que lo proclaman o bien sentados en una silla congresional o bien cobijados detrás de un micrófono. Pero, no mueven ni un dedo. Y nada hacen, concretamente, contra aquellos que siguen oprimiendo a los cubanos. No ven o no quieren ver que el único perjudicado ha sido y será siempre el pueblo de Cuba. Y todavía tienen el cinismo de criticar a la actual administración de los EE UU de ser débil y condescendiente con la dictadura, pues según ellos, la represión y las golpizas en las calles cubanas ha ido en aumento, los presos cada día son más numerosos y se ha recrudecido la persecución y hostigamiento a la disidencia. Bueno, en algo tienen razón: Gracias a las aperturas y flexibilización de las regulaciones que impedían el desarrollo de una mejor comunicación entre los cubanos de la isla y los del exilio, el nivel de información se ha filtrado en abundancia de manera elocuente y la gente empieza a abrir los ojos; hay mas determinación en salir a las calles a protestar y mas audacia en desafiar al tirano y como consecuencia, mas represion.


El exilio cubano en los EE UU, al menos el muy ungido “exilio histórico” lleva más de la mitad de una centuria viviendo del cuento y haciendo creer a los demás de su ficticio papel en la incomprendida conciencia de los cubanos. Pero, la historia me ha demostrado que no solo con discursitos intrascendentes se derriba a un régimen con más de 50 años de permanencia en el poder absoluto. Es obligatorio tomar acción en el asunto y es muy necesario hacerlo ya. Si bien es cierto que una pequeña representación de ese exilio, muy digno de encomio, ha sabido llevar a la práctica el ejercicio de la inconformidad y la acción determinada dando muestras de algún empuje con pequeñas incursiones cerca de aguas cubanas en embarcaciones que llevan a la isla la concluyente decisión de nuevos horizontes, también es cierto que la otra parte –la mas intransigente- continua inmersa en la inacción y el estatismo. No se depone a un gobierno tiránico tan longevo rompiendo “disquitos” en la calle, o boicoteando a los Miami Marlins, o “callando” a los que quieren opinar en un programa radial porque “[...]este es mi programa y si no te gusta, sintoniza otro programa", ni con arengas estèriles. Seria bueno recordarles a esos que presumen de ser muy patriotas que la censura, para empezar, no es democrática y además, que ellos están para servir al pueblo, no para que el pueblo les sirva a ellos; que “la patria es ara, no pedestal” como dijera nuestro apóstol y mas que nada, que nuestras guerras de independencia se forjaron en el exilio, un exilio que SI quería la libertad de Cuba y que desde tierras foráneas, se esforzo en engendrar y fortalecer -y no en socavar- el espíritu rebelde de los cubanos y sus ansias de emancipación. Basta ya de prédicas caducas, peroratas improductivas y actitudes prepotentes que no han llevado ni llevaran a ninguna parte el futuro de nuestra nacion. La libertad es preciosa y cuesta muy cara y es preciso, o resignarse a vivir sin ella o decidirse a comprarla por su precio.

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